Coronavirus SARS-CoV-2​: síntomas, prevención, tratamiento…

¿Qué es un coronavirus?

El SARS-CoV-2​ o 2019-nCoV es un coronavirus –que se llaman así porque al observarlos con el microscopio se ve que están rodeados por una especie de corona– de la misma familia de virus que pueden causar desde patologías leves como el catarro común, a infecciones graves como el MERS (síndrome respiratorio por coronavirus de Oriente Medio) –que se detectó por primera vez en Arabia Saudí–, o el SARS (síndrome respiratorio agudo severo), que acabó con la vida de unas 800 personas en un brote que se inició en Cantón (China) en 2002. Un nuevo coronavirus es una nueva cepa de coronavirus que no se había identificado previamente en humanos.

¿Cuáles son los síntomas de COVID-19?

La enfermedad bautizada por la OMS como COVID-19, una especie de neumonía (se la empezó a conocer también como neumonía de Wuhan), puede presentarse mediante diferentes síntomas, fundamentalmente fiebre, tos seca y malestar general o fatiga. En algunos pacientes también se han referido dolores y molestias, congestión nasal, secreción nasal, dolor de garganta, alteraciones digestivas o diarrea, o pérdida repentina del olfato y el gusto (según un estudio publicado en European Archives of Oto-Rhino-Laryngology), dolor de cabeza, conjuntivitis, e incluso erupciones cutáneas o cambios de color en los dedos de las manos o los pies. Todos estos síntomas suelen ser leves e iniciarse de manera gradual. En algunos casos –los más graves– el paciente de COVID-19 puede manifestar problemas respiratorios (disnea o dificultad para respirar), especialmente tras haber tenido contacto directo cercano con alguien que estaba enfermo) o bien, como ocurría en los inicios de la pandemia, después de haber viajado a Wuhan (China) o otras regiones en riesgo alto (Corea del Sur, norte de Italia, Japón, Irán o Singapur). Como indica la OMS, las personas con fiebre, tos seca y dificultad para respirar bien deben solicitar atención médica.

La mayoría de los pacientes –sobre todo niños y adultos jóvenes– (el 80%) experimenta una enfermedad leve, y el otro 20% suele requerir atención hospitalaria, ya que aproximadamente el 14% experimenta una enfermedad grave, y el 5% ha enfermado de manera más severa. En esos casos más graves, la infección puede causar neumonía, síndrome respiratorio agudo severo, insuficiencia renalsepsis e incluso la muerte. Existe también una fuerte sospecha, apuntada por diversos pequeños estudios, que indica que podría haber individuos infectados asintomáticos.

La infección por SARS-CoV-2 tiene un periodo de incubación de entre uno y 14 días, en los que el paciente no siempre presenta síntomas (de ahí la dificultad para controlar su transmisión), y puede afectar a personas de cualquier edad, aunque parece que las más vulnerables a presentar síntomas graves o a fallecer por su causa son los adultos –el 70% de los afectados hasta ahora son mayores de 40 años, según la OMS–, especialmente mayores de 60 años, que padecen patologías previas (diabeteshipertensióncáncerpatologías cardíacas o pulmonares), o personas con el sistema inmune debilitado.

En el siguiente enlace puedes diferenciar los síntomas de COVID-19 de los del catarro, la gripe o la alergia.

 

¿Cómo se transmite el coronavirus?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha insistido en que de acuerdo a la experiencia sobre la transmisión del coronavirus SARS CoV-2 de la que se dispone hasta ahora, el patógeno se transmite de persona a persona a través de las gotas respiratorias de la nariz o la boca y el contacto directo con una persona infectada.

En concreto, desde el organismo internacional explican que la transmisión mediante las gotículas se produce cuando una persona está en contacto cercano (menos de 1 metro) con alguien que presenta síntomas respiratorios –como toser o estornudar–, y está por lo tanto en riesgo de exponer sus mucosas (boca y nariz) o conjuntiva (ojos) a las potencialmente infectivas gotas respiratorias, cuyo diámetro se considera que es mayor a 5-10 μm (micrómetros). Este tipo de contagio también puede ocurrir a través de objetos que se encuentre en el entorno del paciente y hayan sido infectados por el mismo.

Por lo tanto la transmisión de la COVID-19 puede ocurrir por el contacto directo con los individuos infectados, o por entrar en contacto con superficies y objetos utilizados por estos pacientes (por ejemplo, el estetoscopio o el termómetro o los elementos de la habitación donde esté hospitalizado) y posteriormente tocarse la cara (ojos, boca o nariz) –de ahí la importancia del lavado de manos–. Los CDC definen tener ‘contacto cercano’ como estar dentro de la misma habitación o área de cuidado en una distancia de en torno a 1.8 metros, por un periodo prolongado y sin ropa de protección, o bien “tener contacto directo con secreciones infecciosas” de una persona con COVID-19. No obstante, un estudio reciente apunta que el virus podría transmitirse hasta una distancia de 4,5 metros.

Otra posible vía de transmisión del coronavirus, aunque muy baja, son las heces de un infectado, según ha revelado un nuevo estudio realizado por investigadores chinos que se ha publicado en Journal of the American Medical Association (JAMA). Estos científicos han descubierto que 14 pacientes de un total de 138 (10%) experimentaron náuseas y diarrea uno o dos días antes de que aparecieran la fiebre y los problemas respiratorios. De ahí que, aunque no sea característica típica de este brote, conviene lavarse las manos tras usar el baño y antes de comer.

 

¿Se transmite el SARS-CoV-2 por el aire?

La transmisión aérea es la que se refiere a la presencia de microbios en el interior de los núcleos de las gotas respiratorias de personas infectadas, que se consideran las partículas de menos de 5 μm (micras) de diámetro y que resultan de la evaporación de gotas más grandes, o se encuentran en partículas de polvo, y que pueden permanecer en el aire durante largos periodos de tiempo y ser transmitidas a otras personas a distancias mayores de 1 metro.

En el caso del nuevo coronavirus SARS-CoV-2 la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha insistido de nuevo en que no se dispone de evidencias que indiquen que las personas se puedan infectar porque haya patógenos suspendidos en el aire que respiran cuando caminan por la calle al acudir a su centro de trabajo o un establecimiento comercial, o cuando salen a pasear a la mascota, y por ello incide en que no es necesario el uso de mascarillas para salir a la calle, y que su uso se limite a los enfermos (para no transmitir el virus a las personas con las que conviven), y a los profesionales sanitarios que cuidan de los pacientes.

Aclara la OMS que este tipo de transmisión aérea sólo es posible en determinadas circunstancias y ambientes hospitalarios, en los que los profesionales médicos llevan a cabo procedimientos que generan aerosoles, como por ejemplo en el caso de la intubación endotraqueal, la broncoscopia, la aspiración traqueal abierta o tratamiento respiratorio con nebulizadores, la ventilación manual previa a la intubación, la asistencia respiratoria no invasiva con presión positiva, la traqueotomía (abrir la tráquea para evitar la asfixia) o las maniobras de reanimación cardiopulmonar. En esos casos sería necesario el uso de mascarillas con un nivel de filtración mayor (FFP2 o FFP3) para la protección de los sanitarios.

 

¿Una persona asintomática puede contagiar el CoVID-19 a otros?

Esta enfermedad se propaga fundamentalmente a través de gotitas respiratorias expulsadas por alguien que está tosiendo o exhalando. El riesgo de contraer COVID-19 de otra persona infectada que no presenta ningún síntoma es muy bajo. Sin embargo, muchas personas con COVID-19 experimentan solo síntomas leves, especialmente en las primeras etapas de la infección, por lo tanto, sí es posible contraer el coronavirus de alguien que, por ejemplo, solo tiene tos leve y no se siente particularmente enfermo.

Un reciente aunque pequeño estudio realizado en China apuntaba también que los pacientes podían aún presentar el virus en su organismo hasta ocho días después de haber desaparecido los síntomas.

En cualquier caso, la OMS está evaluando los estudios científicos en curso sobre el período de transmisión de COVID-19 para actualizar o aclarar esta situación en concreto.

 

¿Cómo se diagnostica la infección por coronavirus?

Para determinar si una persona está infectada por el coronavirus, la técnica diagnóstica de elección es la PCR (reacción en cadena de la polimerasa), que permite detectar y amplificar fragmentos del material genético de un patógeno, que en el caso del SARS-CoV-2 es una molécula de ARN. Es una prueba fiable, y tan específica que con ella es posible diferenciar dos microorganismos muy similares. Además, es capaz de detectar la presencia del virus en las primeras etapas de la infección respiratoria. Su desventaja es que debe ser realizada por personal cualificado y se tarda más tiempo, varias horas, en obtener el resultado.

Para agilizar la detección de la población infectada actualmente también se están utilizando otro tipo de pruebas virales, conocidas como test de diagnóstico rápido, porque son más sencillos de hacer y los resultados pueden estar en menos de 15 minutos, que detectan la presencia de antígenos en una muestra de exudados de nariz y garganta tomados con hisopo. Son menos precisos que la PCR y pueden dar falsos negativos, por lo que si su resultado es positivo no es necesario realizar la PCR, pero si un paciente con síntomas da negativo, se recomienda hacer una PCR.

Por otro lado, para conocer si se tuvo una infección previa, también se utilizan pruebas serológicas, que detectan la presencia de anticuerpos en la sangre. Estos anticuerpos los genera el sistema inmune al combatir patógenos como el coronavirus, pero no aparecen al inicio de la infección porque el organismo aún no ha tenido tiempo de producirlos –se tarda de 1 a 3 semanas–, por lo que serían más útiles para conocer la incidencia del COVID-19 en la población (cuántas personas la han pasado, incluidas aquellas que no han manifestado síntomas).

Recientemente, además, se ha desarrollado un nuevo método para detectar la presencia del SARS-CoV-2 en tan solo 45 minutos. La investigación se ha publicado en Nature biotechnology y la prueba diagnóstica se basa en la técnica CRISPR, y puede detectar el ARN del coronavirus en muestras respiratorias humanas, y que en el ensayo ha obtenido un valor predicitivo positivo del 95% y un valor predictivo negativo del 100%.

 

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